La estrategia turística de Bruselas solo funciona si hay motivos para viajar a otro sitio
La nueva estrategia de turismo sostenible de la UE promete repartir visitantes entre lugares y temporadas. Sin motivos reales para viajar en temporada baja, corre el riesgo de ser papel mojado.
Imagen generada con IA
¿Puede una estrategia de la Comisión convencerte de visitar una ciudad española en febrero en lugar de una playa abarrotada en agosto? Esa es, en esencia, la apuesta que hizo Bruselas el 4 de noviembre. Nadie reserva un viaje por una caja de herramientas. Se reserva porque un sitio parece irresistible, es fácil de alcanzar y no cuesta una fortuna.
Qué ha anunciado realmente Bruselas
La Comisión Europea presentó una nueva Estrategia de Turismo Sostenible de la UE con el objetivo de reforzar la competitividad, la sostenibilidad y la resiliencia del sector. Asegura que ayudará a los destinos a gestionar los flujos de visitantes, fomentar los viajes a lo largo de todo el año y prepararse para las crisis. Entre las acciones citadas figuran un Modelo de la UE para la gestión del turismo, una recomendación del Consejo, una Caja de herramientas para un turismo equilibrado y una Red de Coordinación de Crisis. Habrá también unos nuevos premios Capitales Europeas del Turismo para dar a conocer «joyas ocultas».
El contexto es un sector que, según la Comisión, aporta el 10 % del valor añadido bruto de la UE y sustenta más de 20 millones de empleos. Europa concentra alrededor del 40 % de las llegadas internacionales, y el 76 % de los europeos planea un viaje en los próximos seis meses. La demanda no es el problema. Lo es su reparto.
El diagnóstico es acertado, pero las herramientas son sobre todo para gestores
Creemos que la estrategia acierta con el problema. La presión se concentra en unos pocos lugares y en unos pocos meses, y los vecinos la notan. Pero fíjate en cuáles son las medidas estrella: una academia, un observatorio, un espacio de datos, una iniciativa de simplificación. Fontanería útil, sí. Casi nada de eso lo ve el viajero.
El apartado de los datos, sin embargo, no es menor. En Salamanca, Valladolid y Burgos, ciudades que ya usan la Plataforma de Destinos Turísticos Inteligentes de España, responsables locales explicaron en un acto de Segittur cómo los sensores y las encuestas les ayudan a entender los flujos de visitantes. El promotor turístico de Burgos lo dijo sin rodeos: la población no quiere saturación, y la plataforma les permite trabajar con datos para reducir la estacionalidad. Ese es el tipo de uso concreto y local que nos gustaría ver más. Pero ojo con el punto débil que reconoció ese mismo acto: lograr que las empresas privadas compartan su información es un trabajo lento.
La temporada baja solo funciona cuando hay algo que hacer
Aquí va nuestra opinión: reequilibrar las temporadas es un problema de producto, no de política. Un viajero va en invierno o en temporada media si los museos, los restaurantes, los festivales y el transporte funcionan y el lugar se siente vivo, no medio cerrado. Un pueblo que echa el cierre en noviembre no se salvará con una recomendación del Consejo.
Hay un elemento que apunta en la buena dirección: la estrategia incluye, según Europa Press a través de Infobae, medidas para mejorar la conexión con comunidades remotas. Si eso se traduce en trenes y autobuses que de verdad lleguen a los lugares menos conocidos, puede hacer más que cualquier gala de premios. El acceso es lo que convierte una «joya oculta» de eslogan en plan de fin de semana. Sin él, nos tememos que las multitudes seguirán justo donde ya están el aeropuerto y las camas de hotel.
Hay además una cuestión de justicia. Repartir visitantes es fácil de decir cuando los lugares que los reciben no lo han pedido. El enfoque de la propia España es ilustrativo: su secretario de Estado de Turismo defendió en la World Travel Market de Londres un piloto con la asociación británica de viajes ABTA, en el que Calvià, Benidorm, Lloret de Mar y Sevilla compartirán durante dos años datos sobre flujos de visitantes, gasto y percepción de los residentes. Fíjate en la lógica: primero medir, después decidir. Es más modesto que una estrategia continental, y probablemente más honesto.
Nuestro veredicto
La estrategia importará si logra tres cosas: facilitar el acceso a los viajes fuera de temporada alta, dar a los destinos menos conocidos los medios para seguir abiertos y acogedores todo el año, y hacer que la opinión de los residentes cuente tanto como las cifras de llegadas. Si se queda en un catálogo de observatorios y cajas de herramientas, los viajeros no la notarán y agosto estará tan lleno como siempre.
Para los lectores, el consejo práctico no necesita estrategia: elige un lugar famoso en los meses tranquilos, o uno menos conocido en cualquier mes, y comprueba cómo se llega antes de ir. El reequilibrio que quiere Bruselas se hará itinerario a itinerario, y lo mejor que puede hacer la política es lograr que esos itinerarios merezcan la pena.
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