El nuevo parque nacional de Chiricahua necesita fondos, no fanfarrias
El 64.º parque nacional, en Arizona, cambia un nombre, no un paisaje. Que acabe siendo un regalo o un atasco depende de lo que se haga antes de que lleguen los visitantes.
Foto: dconvertini / Wikimedia Commons (CC BY-SA 2.0)
¿Qué le hace un nombre nuevo a un lugar que no ha cambiado ni una sola roca? Mucho, como se ve. La etiqueta de «parque nacional» funciona como una valla publicitaria, y las vallas publicitarias atraen tráfico.
Chiricahua, en el sureste de Arizona, se convirtió el 20 de octubre en el 64.º parque nacional de Estados Unidos, cuando Donald Trump firmó la ley que transforma el antiguo monumento nacional. Como informa Le Figaro, es el cuarto de Arizona, después del Gran Cañón, el Bosque Petrificado y Saguaro. El lugar ya estaba protegido desde 1924. Sus límites y sus protecciones siguen siendo los mismos, y la ley no prevé financiación específica.
El paisaje es el verdadero titular
Olvida el número 64. La razón para ir es el «Wonderland of Rocks» (el país de las maravillas de roca): casi 49 km² de columnas de riolita y bloques en equilibrio, dejados por una erupción volcánica hace unos 27 millones de años y esculpidos por la erosión desde entonces. El National Park Service habla de imponentes agujas de riolita y rocas en equilibrio moldeadas por fuerzas volcánicas. A nosotros nos parece un bosque de piedra que alguien se olvidó de terminar.
También es un sitio fácil de querer. Una carretera panorámica asfaltada de 13 kilómetros sube entre robles, cipreses y pinos hasta el mirador de Massai Point, con vistas de 360 grados. Para los caminantes hay unos 27 kilómetros de senderos, y en Bonita Canyon hay un camping, con reserva, bajo cielos oscuros. A nuestro juicio, es el tipo de parque que encaja con quienes creen que no tienen tiempo ni forma física para un gran viaje a un parque nacional. Ese es su encanto, y puede que también lo que lo hace vulnerable.
Un estatus sin presupuesto es una promesa a crédito
Esta es nuestra preocupación. Según las cifras del National Park Service que cita Le Figaro, Chiricahua registró 70.406 visitas en 2025. Es un parque tranquilo. No se ha dado ninguna previsión numérica de aumento de afluencia, y la agencia dice que vigilará el aparcamiento, el camping y las zonas de Massai Point y Echo Canyon.
Vigilar es sensato, pero no es un plan. La ambición declarada es turística: poner en el mapa un rincón poco conocido del Oeste estadounidense y apoyar la economía local. Es un objetivo legítimo. Pero un aluvión de visitantes, si llega, pondría a prueba justo los lugares que la agencia dice que va a vigilar: el aparcamiento, el camping y el mirador al final de la carretera panorámica. Ni siquiera hay comida dentro del parque. Las opciones para comer están fuera, por ejemplo en Willcox, a unos 60 kilómetros.
Creemos que el fallo más probable no será espectacular. Será un deslizamiento lento: aparcamientos llenos a media mañana, personal agotado, senderos erosionados y visitantes que se van decepcionados. Yosemite, que un vídeo enlazado desde el artículo de Le Figaro describe desbordado por multitudes y colas, muestra adónde puede llevar ese camino. Chiricahua está muy lejos de eso, y lo inteligente es actuar mientras tanto.
Lo que deberían hacer ahora Arizona y Washington
Si se quiere celebrar la etiqueta, debería venir con deberes. En nuestra opinión, hay tres cosas que importan más. Primero, guardas: más personal sobre el terreno en Massai Point y Echo Canyon, donde probablemente se notará antes la presión. Segundo, el acceso: una gestión clara del aparcamiento y un sistema de reservas para los momentos de mayor afluencia, diseñados antes del problema y no después. Tercero, servicios locales: ayuda para Willcox y los negocios cercanos, de modo que los visitantes tengan dónde comer y dormir y la promesa económica llegue de verdad a la comunidad. Nada de esto está garantizado por la ley tal como se ha contado, así que les toca decidir a la agencia y al estado.
Nuestro veredicto
Ve, pero ve con cabeza. Trata Chiricahua como una invitación a ir más despacio, no como una casilla que tachar como el número 64. Reserva el camping, lleva tu propia comida y agua, llega temprano o quédate hasta tarde para ver la luz sobre las rocas, y no te salgas de los senderos. El parque está ahora en su mejor momento, antes de las multitudes, y la mejor manera de mantenerlo así es que los responsables financien la bienvenida antes de que lleguen los invitados.
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