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El encanto rústico de Jericoacoara es real, y 1,3 millones de visitantes son una advertencia

La afluencia récord demuestra que el encanto rústico de Jericoacoara es su activo más frágil, y gestionar el crecimiento importa ahora más que celebrarlo.

Publicado
22 de octubre de 2026
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4 min
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Foto: Antônio Marcos Capobianco / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

¿Qué le pasa a un «pueblo secreto» cuando 1,3 millones de personas conocen el secreto? Es lo que está descubriendo Jericoacoara, en Ceará. Su arquitectura rústica, sus playas y sus dunas migratorias, a las que se llega por pistas sin asfaltar, son justo la imagen que lo vende y justo lo que está en riesgo.

Las cifras ya están sobre la mesa. Según Trends CE, el Parque Nacional de Jericoacoara recibió 1,3 millones de turistas en 2025. El año anterior, el municipio de Jijoca de Jericoacoara celebró que el parque había registrado más de 1,2 millones de visitas, lo que lo convertía en el tercer parque nacional más visitado de Brasil, según el ICMBio. El gobierno local lo presentó como un logro histórico.

Las grandes cifras no son una victoria si el pueblo no puede crecer

Nosotros no descorcharíamos el champán. El pueblo está rodeado por el parque nacional, lo que, como señala el sitio Entre Parques, significa que no puede expandirse. Una superficie fija con cada vez más visitantes es aritmética simple: algo cede. Normalmente, aquello por lo que la gente vino.

Un estudio académico aporta la evidencia más contundente. Un artículo de la revista Mercator, de D. P. de Paula, estima la capacidad de carga del pueblo con las condiciones de 2019. Su conclusión es tajante: la visitación actual supera la capacidad real y efectiva, incluso en un escenario hipotético con un recorte del 20 % del flujo de turistas. Este último detalle importa. Recortar una quinta parte no basta, según el propio modelo del autor. Los métodos de capacidad de carga son estimaciones y se pueden debatir, pero cuando el escenario optimista tampoco funciona, la dirección es difícil de discutir.

El encanto es físico, y lo físico se desgasta

El encanto rústico parece una decisión de diseño, pero en realidad es una condición frágil. El estudio enumera la contaminación de las aguas subterráneas, el avance de las dunas y los cambios en el carácter físico y humano del pueblo como problemas que suelen deberse a una demanda que supera su capacidad física. Otro artículo señala flujos desordenados de personas y vehículos dentro del parque, que atribuye a la falta de seguimiento y control de las visitas.

La naturaleza ya ha dado una señal. Según Entre Parques, el tráfico de coches y buggies por la orilla ahuyentó a las tortugas marinas, que reaparecieron en 2020 y 2021, cuando las visitas se restringieron durante la pandemia. A nuestro juicio, es el argumento más convincente a favor de poner límites. Las tortugas volvieron cuando las dejamos en paz. Jericoacoara evoca la madriguera de la tortuga marina, según la misma fuente.

También choca con la afirmación del municipio de que el destino promueve el turismo sostenible. Quizá tenga esa intención. Pero una intención no es un tope.

Poner un tope, cobrar y gastar el dinero donde está el daño

¿Qué debería pasar, entonces? Nuestra recomendación tiene tres partes.

Primera: fijar un límite de visitantes basado en un estudio de capacidad de carga serio, actualizado más allá de los datos de 2019, y hacerlo cumplir. Los investigadores concluyen que el pueblo necesita coordinación entre el gobierno, la comunidad local y el sector turístico. Estamos de acuerdo, y añadiríamos que alguien debe encargarse de fijar una cifra única.

Segunda: seguir el dinero. Entre Parques informa de que el acceso al pueblo está controlado y se cobra, pero que ni una pequeña parte llega al ICMBio para la conservación. Si esto sigue así tras ese informe de 2022, es un fallo de diseño, no un detalle. Las tasas deberían financiar a la agencia que repara los senderos y conserva el parque. Un consorcio concesionario, Urbia Cataratas Jericoacoara, se presenta como operador del parque y dice que su misión es convertirlo en un modelo de turismo sostenible. Es una promesa, y la juzgaremos por los resultados, no por los folletos.

Tercera: cambiar la experiencia. Caminar por la playa con la marea baja, subir al faro de Serrote o recorrer las dunas en bicicleta muestra al viajero cosas que un vehículo se salta, como apunta Entre Parques sobre los recorridos motorizados. Creemos que además deja una huella más ligera. Ir más despacio, en grupos pequeños y con guía no es un sacrificio. Es un viaje mejor.

Qué deben hacer los viajeros

Vayan, pero háganlo con cabeza. Elijan temporada media en lugar de las fechas punta, eviten la carrera de buggies por la orilla, consulten las mareas y traten las dunas como el monumento que son. El «pueblo secreto» dejó de ser secreto hace años. Que siga siendo especial depende de que Ceará decida que 1,3 millones es un techo que respetar y no un hito que superar.

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