Seúl debería elegir Jongmyo: un límite de altura muestra lo frágil que es una vista UNESCO
Un límite de 145 metros a 180 metros de la puerta de Jongmyo demuestra que el título de Patrimonio Mundial depende de que la ciudad quiera proteger sus vistas. Los viajeros deberían fijarse, y Seúl, elegir el santuario.
Foto: Bgag / Wikimedia Commons (CC0)
¿Qué protege exactamente una placa de Patrimonio Mundial: un edificio o la sensación de estar frente a él? Seúl nos está dando una respuesta incómoda, y cualquiera que organice sus viajes en torno al patrimonio debería prestar atención.
Los hechos son sencillos. Jongmyo, el santuario real confuciano de los antepasados de la dinastía Joseon, fue inscrito por la UNESCO en 1995. El gobierno municipal ha revisado los límites de altura en la zona de remodelación de Sewoon, distrito 4, según informa el Korea Times. La zona se encuentra a unos 180 metros de la puerta principal del santuario, y el límite en su extremo sur pasa de 71,9 metros a 145 metros. Yonhap informó de que el Centro del Patrimonio Mundial de la UNESCO envió una carta oficial en la que pedía una evaluación de impacto patrimonial y la suspensión de la aprobación hasta que sus órganos consultivos terminen su revisión.
La disputa sigue abierta. Un artículo de opinión del Chosun Ilbo recoge la advertencia de Huh Min, responsable del Korea Heritage Service, de que el santuario podría ser excluido de la lista si el proyecto sigue adelante. El ayuntamiento insiste en que no debería presentarse el asunto como si Jongmyo estuviera a punto de perder su estatus.
Una inscripción protege un lugar solo hasta donde la ciudad lo permita
Ambas partes pueden tener razón en lo estrecho del punto. Retirar la inscripción es una medida drástica, y creemos que la ciudad tiene motivos para quejarse de que la palabra se esté usando como ariete. Pero ese es el punto más débil del argumento. La cuestión de fondo no es si Jongmyo sale de una lista, sino si sobrevive la experiencia que le valió la inscripción.
La UNESCO describe Jongmyo como el más antiguo y auténtico de los santuarios reales confucianos de los antepasados, con una disposición espacial única conservada en su totalidad. A nuestro juicio, esa disposición no son solo edificios y patios. Es silencio, tejados bajos y cielo sobre el salón principal. El Korea Heritage Service mostró simulaciones de estructuras de 145 metros desde puntos de vista clave, entre ellos el salón principal, Jeongjeon, la puerta de entrada y el cielo que se ve sobre ella. Nosotros no podemos juzgar esas imágenes, pero la elección de los puntos de vista indica dónde caería el daño: en los ojos del visitante.
El proceso parece tan endeble como el horizonte urbano
Lo que más nos inquieta no es solo la altura. Los límites se fijaron por primera vez siete años antes, en consulta con el organismo de patrimonio, y ahora la ciudad los ha duplicado en el extremo sur. El ayuntamiento, por su parte, tilda de reactiva la designación de un Distrito de Patrimonio Mundial por parte del organismo, y sostiene que llegó solo cuando el proyecto ya era polémico. Algo de verdad hay en eso. Una protección del patrimonio que aparece cuando ya se ven las excavadoras llega tarde.
Pero más vale tarde que nunca. Según el organismo, la designación del distrito fija el ámbito espacial de una evaluación de impacto sobre el Patrimonio Mundial y le permite solicitarla para cualquier proyecto que pueda afectar al santuario. Es justo lo que ha pedido la UNESCO, y nos parece una exigencia modesta. Una evaluación no mata una remodelación: la somete a prueba en público y con datos. Una ciudad convencida de que su zona verde mejoraría el entorno, como sostiene, debería recibir la prueba con los brazos abiertos.
Qué deberían hacer los viajeros y qué debería elegir Seúl
Remodelar un centro urbano denso es legítimo, y las preocupaciones de los vecinos merecen respuesta. Pero hay lugares donde la altura adecuada es, sencillamente, menor. Seúl tiene un tesoro poco común: un paisaje ritual real cuya disposición, según la UNESCO, se ha conservado en su totalidad, en pleno centro de una capital moderna. Pocas ciudades pueden ofrecer algo así, y es el tipo de lugar que lleva a la gente a cruzar un océano.
Nuestro consejo a los viajeros es práctico. Considerad los horizontes patrimoniales como algo frágil, no permanente. Si Jongmyo está en tu lista, no lo pospongas dando por hecho que siempre tendrá el mismo aspecto, y cuando lo visites, mira hacia arriba además de hacia dentro. Pregúntate qué hay detrás de la línea de los tejados. La misma prueba sirve en cualquier ciudad con bienes inscritos.
Nuestro veredicto para Seúl es claro: que encargue la evaluación de impacto patrimonial, que suspenda la aprobación como ha pedido la UNESCO y que acepte un límite más bajo si los resultados lo exigen. Una torre se puede construir en cualquier parte. Un santuario con su cielo intacto no se puede reconstruir.
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