El bajón de Machu Picchu es una oportunidad, no una crisis, si Perú reparte bien las visitas
Que Machu Picchu reciba menos gente es la mejor ocasión en años para repartir el turismo por todo Perú, siempre que no se reconstruyan las mismas aglomeraciones en otros lugares.
Foto: Hiram Bingham III / Wikimedia Commons (Public domain)
¿Es una mala noticia que la ruina más famosa de Sudamérica reciba menos visitantes? A los titulares les encanta la palabra «crisis». Nosotros creemos que la palabra adecuada es «oportunidad», y Perú no debería desaprovecharla.
Primero, las cifras. Según Infobae, el Santuario Histórico de Machupicchu recibió 979 828 visitantes entre enero y agosto de 2024, 1 019 725 en 2025 y 961 809 en 2026. El titular de Infobae lo plantea como viajeros que se inclinan por otros atractivos. No disponemos de cifras de visitantes de ninguna alternativa concreta, así que lo que sigue es un argumento sobre hacia dónde debería encaminar Perú a la gente, no una afirmación sobre adónde va ya.
Un ligero descenso no es un desplome
Conviene poner la cifra de 2026 en contexto. Es inferior a la de 2025 y a la de 2024, así que el descenso es real. Pero es moderado: una corrección, no una caída libre. Una crisis de verdad es otra cosa: un informe de 2023 de Noticial al Día describía unos disturbios que costaban al país 25 millones de soles al día, con la ocupación hotelera 83 % más baja. Nada en las cifras de este año se parece a eso.
Nuestra lectura es que Machu Picchu no ha perdido atractivo. Algunos viajeros simplemente eligen de otra manera y, para un lugar que mucha gente lleva tiempo percibiendo al límite de su capacidad, que haya menos gente en las terrazas difícilmente es una tragedia. El riesgo es que Perú interprete el descenso como una emergencia y responda volviendo a empujar el volumen al alza.
Paracas, una válvula de escape natural y fácil de alcanzar
Si buscamos un candidato para repartir visitantes, la costa sur lo pone fácil. Paracas está a unas 3,5 horas en autobús al sur de Lima, según In Between Travels, que sitúa el billete de Cruz del Sur en unos 10 €. Si añadimos las excursiones en barco a las islas Ballestas, donde la misma guía menciona lobos marinos, pingüinos y aves marinas, el resultado es una experiencia de fauna y desierto que, en nuestra opinión, combina bien con un viaje a Cusco en lugar de sustituirlo.
A las Ballestas se las suele llamar las «Galápagos de Perú», y el apodo no es del todo humo publicitario: apunta a un tipo de viaje distinto, centrado en la naturaleza y no en la piedra. Esa diversificación importa. Un país que vende un único icono es frágil; uno que ofrece una reserva costera junto a una ciudadela de los altos Andes es más resistente.
La trampa: reproducir en la costa la cola de Machu Picchu
Aquí conviene ser prudentes. La misma guía describe un puerto que puede ser «un poco caótico», con grupos que embarcan a la vez, y señala que todos los grupos organizados parecen acabar en los mismos barcos. A nuestro juicio, eso parece una señal temprana de cuello de botella.
La Reserva Nacional de Paracas ofrece una salida. Como señala The Only Peru Guide, la mayoría de los visitantes pasa dos horas en un barco y se va directamente a Huacachina, de modo que las 335 000 hectáreas de la reserva quedan en gran parte sin explorar. Lugares como la playa Roja suelen estar vacíos incluso en temporada alta, en parte porque los excursionistas de un día no llegan hasta allí. La lección: repartir a los visitantes no consiste solo en enviarlos a un sitio nuevo, sino en conseguir que se queden más tiempo y en repartirlos dentro del propio destino.
Nuestra recomendación a las autoridades y los operadores de Perú es vender la pernoctación, no la excursión de un día. Con una noche, los viajeros pueden recorrer la reserva a su ritmo y coger el barco temprano a la mañana siguiente, como propone In Between Travels con su salida de las 8:00. Creemos que es mejor para los visitantes y para los negocios locales, y debería evitar que las salidas de los barcos se amontonen en las mismas franjas horarias.
Nuestro veredicto
No lloremos el bajón de Machu Picchu ni intentemos revertirlo a toda costa. Aprovechémoslo para vender un Perú más amplio: la ciudadela para quien la quiera y la costa sur para la fauna y el desierto. El éxito no se medirá por si aumentan las llegadas totales, sino por si el próximo punto caliente recibe la planificación que Machu Picchu necesitó hace años. Si vas a viajar, reserva Machu Picchu con tiempo, porque los permisos del Camino Inca pueden agotarse con meses de antelación, y dale a Paracas una noche en lugar de una mañana.
Aún no hay temas: abre el primero.
Más noticias
Seúl debería elegir Jongmyo: un límite de altura muestra lo frágil que es una vista UNESCO
Un límite de 145 metros a 180 metros de la puerta de Jongmyo demuestra que el título de Patrimonio Mundial depende de que la ciudad quiera proteger sus vistas. Los viajeros deberían fijarse, y Seúl, elegir el santuario.
Los campamentos de lujo de Kafue solo ganarán confianza si el freno a la caza furtiva se mantiene
Un campamento Anantara de 13 suites y los avances de African Parks contra la caza furtiva muestran que el safari de lujo puede ayudar a conservar, si sigue siendo pequeño, estable y transparente.
Hidra venció a Mykonos prohibiendo el coche, y ahí está la clave
Que Hidra encabece el ranking de islas de Europa no es casualidad: los lectores premian el silencio, los paseos a pie y la identidad frente a la fama. Otras islas deberían copiar el modelo, no el bombo.
Oxford Street por fin se queda sin coches, y ahora llega lo difícil
Peatonalizar la calle comercial más concurrida de Londres era necesario y favorece al visitante, pero exige arreglar también autobuses, accesibilidad y una oferta comercial desgastada.



