Prohibir los coches de caballos de Central Park es lo correcto, pero Nueva York debe una alternativa
Acabar con un tópico turístico de 150 años se justifica por el bienestar animal, pero la ciudad debe sustituirlo por algo real y tratar con justicia a los cocheros.
Foto: Superbass / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)
¿Sigue siendo una tradición algo que, en esencia, solo ofrece una foto? Esa es la pregunta que se esconde tras la decisión de Nueva York de retirar los coches de caballos de Central Park, un ritual que, según informa AP, dura más de 150 años.
Se esperaba que el Ayuntamiento aprobara el jueves una ley que pondría fin a los paseos en junio de 2028, una fecha que The New York Times presentó como parte de un acuerdo entre el presidente del Consejo Municipal y el alcalde, Zohran Mamdani. El impulso creció después de que un turista de 18 años, Romanch Mahajan, muriera en junio tras saltar de un carruaje desbocado. AP lo describe como, al parecer, la primera víctima mortal relacionada con un coche de caballos de Central Park desde que existen los paseos. La ley también pide a la oficina del alcalde un plan de transición para los más de 150 cocheros que quedan, antes del próximo abril, y el sindicato de los cocheros ha prometido recurrir a los tribunales.
El tópico siempre fue romanticismo prestado
Creemos que la prohibición es lo correcto. El paseo en coche de caballos vende una imagen del viejo Nueva York, pero la realidad es un animal de trabajo en una de las ciudades más ruidosas y concurridas del planeta. Alcaldes anteriores lo intentaron sin éxito, y que haya hecho falta una muerte para reactivar la política dice más de lo pegajosa que es la nostalgia que de los méritos del caso.
Sospechamos además que un paseo cuyo atractivo depende de no mirar demasiado de cerca al caballo es más una costumbre que un patrimonio digno de protección.
Dicho esto, lo de «icónico» se queda aquí muy grande. El encanto de Central Park nunca fue el carruaje. Es el lago, el Mall, las rocas, las estaciones. El parque sobrevivirá. Que el reclamo turístico de la ciudad resulte más pobre depende de Nueva York.
Una prohibición sin sustituto es un gesto vacío
Aquí discrepamos de la celebración. Una versión anterior de la ley, recogida en los registros del Consejo, proponía sustituir el sector por carruajes eléctricos sin caballos. El acuerdo actual, según la documentación, se centra en la fecha final, los límites a la venta o traspaso de los caballos y un plan laboral. No describe una nueva experiencia para el visitante.
Es una oportunidad perdida. Los carruajes eléctricos parecerían, a nuestro juicio, un disfraz de parque temático. Mejor sería una forma guiada de recorrer el parque que lo trate como un lugar y no como un decorado: rutas a pie con gente que lo conoce, recorridos en bici o bicitaxi, o visitas nocturnas tranquilas. Son sugerencias nuestras, no planes anunciados. Lo importante es que la ciudad decida con criterio qué harán los visitantes en su lugar, en vez de dejar que el hueco lo llene lo más barato.
Los cocheros son la prueba de que va en serio
La cara humana importa igual. Cocheros como Alexus Lawson y Medet Fidan dijeron a AP que temen perder su sustento, y la ley promete derivaciones a empleos en transporte, hostelería y taxi, además de orientación profesional. La compensación es solo algo que la administración podría estudiar. El alcalde Zohran Mamdani ha dicho que el gobierno tiene la «responsabilidad cívica de asegurarse de que no dejamos a nadie tirado».
Le creeríamos, pero las palabras son baratas. La reinvención más natural sería dejar que quienes conocen el parque y a sus visitantes den forma a lo que venga. Contratar a antiguos cocheros como guías es solo una idea, pero daría a la alternativa una autenticidad que un simple cambio de vehículo nunca tendrá.
Nuestro veredicto
Prohibid los carruajes. Hacedlo con una fecha clara, que junio de 2028 ofrece, y con dinero y reciclaje profesional de verdad. Y luego dad a los visitantes motivos para sentir que han ganado algo. Si Nueva York cumple solo la primera parte, habrá acabado con un tópico y creado un vacío. Si cumple las tres, habrá demostrado que actualizar la nostalgia de una ciudad puede ser un acto de confianza y no de pérdida.
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