Los lugares de memoria de la esclavitud en Brasil merecen visitantes, no solo placas
La UNESCO suma el muelle de Valongo, en Río, una sociedad de Salvador y la Serra da Barriga a su red de memoria de la esclavitud. Solo importa si llegan viajeros y Brasil financia un relato honesto.
Foto: Agência Brasil Fotografias / Wikimedia Commons (CC BY 2.0)
¿Puede una placa cambiar la forma en que un país recuerda? Casi nunca. Un visitante en el lugar adecuado, con el guía adecuado y tiempo para escuchar, a veces sí. Esa es la verdadera prueba de la última decisión de la UNESCO en Brasil.
Según informa Agência Brasil, tres lugares brasileños han sido inscritos en la Red de Sitios de Historia y Memoria relacionados con la Esclavitud y la Trata de Personas Esclavizadas de la UNESCO: el muelle de Valongo, en Río de Janeiro; la Sociedade Protetora dos Desvalidos, en Salvador; y la Serra da Barriga, en Alagoas, donde se encuentra el Parque Memorial Quilombo dos Palmares. La red se creó en 2024 dentro del programa Ruta del Esclavo de la UNESCO. El Ministerio de Asuntos Exteriores de Brasil propuso los tres. Valongo, además, es Patrimonio Mundial desde 2017.
La red es un comienzo, pero los visitantes la hacen valer
Seamos sinceros sobre lo que consigue una inscripción así. Aporta visibilidad, contactos internacionales y, en palabras de la representante de la UNESCO en Brasil, una oportunidad para que los gestores de los sitios compartan buenas prácticas. No contrata guías, no repara una pared ni diseña una buena exposición. Esa misma representante, Marlova Jovchelovitch Noleto, habló de convertir los lugares de memoria en espacios vivos de conocimiento, diálogo intercultural y derechos humanos. Compartimos el objetivo. Pero los espacios vivos necesitan gente que los recorra.
Ahí entran los viajeros. La imagen de postal de Brasil son las playas, el carnaval y la selva. Estos tres lugares cuentan una historia más dura y, probablemente, más importante sobre cómo se formó el país. Un viaje a Río que incluya la zona portuaria, o una estancia en Salvador que deje hueco al Centro Histórico, es mejor viaje por ello. Y también más honesto.
Tres lugares, tres historias distintas, y ahí está la clave
El historiador Ivanir dos Santos, citado en la cobertura, describe el trío como tres dimensiones de una misma historia: la violencia del comercio transatlántico en Valongo, la resistencia y la búsqueda de autonomía en la Serra da Barriga, y la organización colectiva y la solidaridad en la Sociedade Protetora dos Desvalidos.
Creemos que esa combinación es lo más acertado de la selección. El turismo de memoria a menudo se queda solo en el sufrimiento, y el visitante se va triste pero no mucho más sabio. La sociedad de Salvador, fundada en 1832 por Manoel Victor Serra y otros hombres negros libres, y descrita como la primera institución civil negra de Brasil en funcionamiento continuo, muestra a personas construyendo algo juntas en condiciones restrictivas. Es otro tipo de visita y, a nuestro juicio, un contrapeso necesario. Según Correio, su sede está en el Largo do Cruzeiro de São Francisco, 17, en el centro histórico de Salvador, y el medio facilita un teléfono y un correo electrónico de contacto. No daríamos por hecho ningún horario de visita, así que conviene escribir o llamar antes de presentarse.
Valongo tiene otro peso. Está en la zona portuaria de Río y la candidatura lo destacó porque conserva huellas de uno de los principales puntos de desembarco de africanos esclavizados en América. Estar en un lugar así sin contexto casi no significa nada. Con un buen intérprete, puede ser inolvidable.
Brasil tiene que pagar el relato, no solo el reconocimiento
Aquí viene la parte incómoda. Dos Santos, en la misma cobertura, sostiene que el reconocimiento institucional debe ir acompañado de políticas de preservación, educación antirracista y participación de las comunidades negras en la gestión de estos espacios. Nosotros iríamos más allá y lo diremos claro: si el Estado quiere el dividendo turístico, tiene que financiar la interpretación. Eso significa guías locales formados, explicaciones claras y multilingües, información accesible y voces de la comunidad en los contenidos.
Sin eso, el riesgo es conocido. El sitio se convierte en una parada para la foto dentro de una visita a la ciudad, y la historia se aplana para ajustarse a un horario. También es posible lo contrario. Bien hechos, con las comunidades al mando de cómo se cuenta su historia, estos lugares podrían ser algunas de las paradas más significativas del país.
Nuestro veredicto
Si vas a viajar a Brasil, incluye en la ruta al menos uno de estos lugares y dedícale tiempo de verdad, no veinte minutos entre la comida y la playa. Reserva un guía local siempre que puedas y pregunta quién gestiona el lugar y quién cuenta su historia. Los visitantes no pueden arreglar la falta de financiación, pero sí crear demanda de buena interpretación.
En cuanto a Brasil, la UNESCO ha hecho su parte. Ahora tiene que llegar el trabajo duro y poco glamuroso de dotar de personal, financiar y escuchar a las comunidades, o esto se quedará en una bonita frase de nota de prensa.
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