La revisión de la UNESCO en Hampi debería hacer que queramos límites
Una misión UNESCO-ICOMOS revisa la conservación, las infraestructuras turísticas y los planes maestros de Hampi. Quien ame las ruinas debería aplaudir los límites, no solo el acceso fácil.
Foto: Ms Sarah Welch / Wikimedia Commons (CC0)
¿De verdad quieres que Hampi sea fácil? Es una pregunta razonable para cualquiera que haya puesto la capital en ruinas de Vijayanagar en su lista de deseos. Cuanto más fácil se vuelve un lugar frágil, antes deja de ser el lugar que querías ver.
La noticia es sencilla. Según informa The Times of India, una misión UNESCO-ICOMOS inspecciona hasta el 27 de octubre el sitio Patrimonio de la Humanidad de Hampi. Está revisando la conservación, las infraestructuras turísticas y los planes maestros.
Esa lista es la clave. La misión no se fija solo en las piedras. También examina las infraestructuras turísticas y los planes que rigen el sitio, y lo interpretamos como una pregunta sobre si los sistemas que rodean a las piedras cumplen su función. Creemos que es el tipo de revisión más útil que puede recibir un destino popular.
Hampi ya pasó por esto, y la lección tenía que ver con las infraestructuras
La documentación nos ofrece un precedente aleccionador. Según un informe de ICOMOS sobre patrimonio en riesgo, el Comité del Patrimonio Mundial declaró Hampi Patrimonio Mundial en Peligro en 1999. El detonante fueron dos grandes puentes de doble sentido para el tráfico de vehículos y una segunda pasarela peatonal dentro de las áreas protegidas. El Comité afirmó que dominaban el entorno natural y el paisaje rural y que amenazaban la integridad del sitio.
Se informó al Comité de que las obras se habían detenido, pero el mismo informe señala que un equipo de la UNESCO que visitó el lugar en febrero de 2000 encontró los trabajos «en pleno apogeo». Más tarde, un grupo de trabajo de Karnataka recomendó trasladar los puentes, y el informe indica que se retiraron unas 150 construcciones ilegales cerca de varios templos.
Lo leemos como una advertencia sobre lo que puede significar «mejorar el acceso». La amenaza para Hampi ha sido, históricamente, la comodidad construida demasiado grande, demasiado cerca y demasiado deprisa. Una revisión que pone las infraestructuras turísticas en la misma agenda que la conservación responde, a nuestro juicio, al instinto correcto.
Los límites firmes son un regalo para el visitante
El sitio es enorme. El mismo informe sitúa los restos en unos 25 km² y cuenta cincuenta y seis monumentos protegidos, con palacios, templos, pabellones y bazares repartidos entre pueblos modernos. Hampi no es una puerta y una cola. Su atractivo es pasear sin prisa, y pasear necesita espacio.
Por eso defendemos que los viajeros deberían querer límites estrictos. Los cupos, la zonificación, el acceso controlado de vehículos y las instalaciones bien ubicadas pueden sonar a restricciones. En la práctica, son lo que evita que un paisaje de templos y rocas se convierta en un aparcamiento con ruinas. No podemos decir qué recomendará la misión, y la documentación tampoco lo dice. Pero desconfiaríamos de quien trate los límites a las visitas como un obstáculo para el turismo y no como su seguro de vida.
Hay un contexto más amplio. ICOMOS señala que el 86 % de los bienes del Patrimonio Mundial de 147 Estados Parte han tenido problemas de gestión y reciben apoyo mediante el seguimiento reactivo. La documentación no dice si la misión de Hampi se enmarca en ese proceso, pero el panorama general está claro: los problemas de gestión en los sitios patrimoniales son la norma, no un castigo exótico. En nuestra opinión, una revisión así es señal de que el sitio está bajo vigilancia.
Qué deberían hacer los visitantes
Primero, tomarse la revisión como un motivo de interés, no de alarma. Misiones como esta tratan de planes, y creemos que los planes maestros solo protegen un sitio si se hacen cumplir.
Segundo, aceptar las molestias. Si se endurecen las normas sobre vehículos, rutas o aforos, probablemente sea el precio de la tranquilidad que buscabas. No organizaríamos un viaje esperando normas más laxas.
Tercero, comprobar las condiciones actuales antes de ir. La documentación no ofrece normas de visita, horarios ni tarifas, así que no vamos a adivinarlos. Esos detalles se consultan en las autoridades locales y en los canales oficiales del patrimonio.
Nuestro veredicto: Hampi no necesita volverse más fácil de consumir. Necesita seguir siendo posible de comprender. Si la misión empuja al sitio hacia límites más firmes y planes maestros más estrictos, los visitantes pierden algo de comodidad y ganan una capital en ruinas que sigue mereciendo el viaje. Es un buen trato, y deberíamos estar dispuestos a aceptarlo.
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