La Vía Francígena solo ganará con el sello de la UNESCO si Italia piensa en el caminante
La valoración preliminar favorable del ICOMOS podría convertir la Vía Francígena en la gran ruta de viaje lento de Italia, pero solo si trae infraestructuras reales para caminantes y no un sello de recuerdo.
¿Necesita Italia otra placa de la UNESCO o una razón para que la gente se quede más tiempo? La Vía Francígena, el camino medieval de peregrinos que atraviesa el país, está a punto de poner a prueba esa diferencia.
El 21 de octubre de 2026, el ICOMOS, el órgano asesor de la UNESCO en materia de patrimonio cultural, emitió una evaluación preliminar favorable de la candidatura de Italia para inscribir la ruta en la Lista del Patrimonio Mundial. La ruta se describe como un "preminent [sic] itinerary of Christianity". La candidatura está liderada por la Toscana junto con Emilia-Romaña, el Lacio, Lombardía, el Piamonte, Liguria y el Valle de Aosta, y ahora pasa a la fase del expediente completo.
Es un primer obstáculo superado, no la meta. Todavía hay que preparar y revisar el expediente completo, y el Ministerio de Cultura dice que coordinará la recogida de datos, los estudios de impacto y los planes de conservación para la presentación final. Nadie debería reservar aún excursiones de "UNESCO Francigena".
La fuerza de la ruta es que es un camino, no un monumento
La mayoría de los sitios de la UNESCO te recompensan por llegar. Una ruta te recompensa por avanzar. La candidatura abarca siete regiones, así que quien camina se encuentra con muchas Italias distintas en un solo viaje: otros dialectos, otras cocinas, otra luz. Es el mejor argumento a favor del viaje lento que se nos ocurre, y funciona precisamente porque nada en el camino es un único imprescindible.
La consejera regional de Turismo, Roberta Frisoni, dijo, según inITALY, que la valoración positiva impulsa el "turismo lento" y abre nuevas perspectivas para las zonas del interior. Compartimos el instinto y iríamos más allá. Los destinos más conocidos de Italia están saturados, y una ruta que reparta a los visitantes entre pueblos pequeños y campo es justo la válvula de escape que necesita el país. Es un mejor uso del halo de la UNESCO que añadir otra ciudad famosa al expositor de postales.
Un sello sin camino es solo merchandising
Esta es nuestra preocupación. El reconocimiento patrimonial suele interpretarse como un acto de marketing: nueva señalización en la entrada, un logotipo para la oficina de turismo, más paradas de autocares. En una ruta a pie, eso es darle la vuelta a la lógica. Lo que necesita un caminante es poco glamuroso: señalización fiable, sitios donde dormir al final de cada etapa, conexiones de transporte para entrar y salir del camino e información clara más allá de las fronteras regionales.
Ese último punto es la verdadera prueba. Siete regiones, varias administraciones, un solo camino. La Asociación Europea de las Vías Francígenas, con sede en Fidenza, coordinará a las autoridades locales y las comunidades, lo cual es sensato. Pero coordinar sobre el papel es barato. A un caminante le da igual por dónde pase el límite regional; le importa que la señalización, los estándares de alojamiento y la información sigan siendo coherentes al cruzarlo. Creemos que ahí se decidirá en la práctica el éxito o el fracaso de la candidatura, decida lo que decida el comité.
No hemos visto detalles de qué infraestructuras se prevén realmente, así que no vamos a fingir que lo sabemos. Los estudios de impacto y los planes de conservación mencionados hasta ahora son alentadores. Añadiríamos un tercer requisito: un plan de flujos de visitantes que trate a los pequeños pueblos del interior como socios y no como decorado.
Qué deberías hacer ahora
Si llevas tiempo queriendo recorrer parte de la Francígena, no esperes a la placa. Elige un solo tramo, unos días en una región, y ve antes de que cualquier reconocimiento la convierta en un objetivo de lista de deseos. Consulta el estado actual y los alojamientos con las organizaciones locales de la ruta, porque no tenemos datos verificados de etapas ni de reservas que ofrecerte aquí.
Nuestro veredicto: el visto bueno del ICOMOS es una buena noticia y merece cierto entusiasmo, pero el premio no es la inscripción. Es la oportunidad de que la ruta más lenta de Italia sea también la mejor atendida. Si en los próximos años llegan el mantenimiento del camino, los alojamientos y las conexiones de transporte hasta esos pueblos del interior, la Vía Francígena puede convertirse en la gran experiencia de viaje lento del país. Si solo llega un logotipo, será un sello de recuerdo más, y un camino largo merece algo mejor.
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